



El Serpentine Gallery es una reconocida galería en Londres, y es tradición que, todos los años, se pida a un arquitecto diseñar un pabellón - el Serpentine Gallery Pavilion. Estuve leyendo un poco sobre esto, y me encontré con uno que me encantó, el del 2008. Y, sorpresa sorpresa, no era nada más y nada menos que otra obra de uno de mis arquitectos favoritos: Frank Gehry.
Sin embargo, lo que más me llama la atención es la permeabilidad del Pavilion, es decir, cómo puede adaptarse a diversas funciones. En el día, actúa como espacio de reflexión y relajación, y sirve de lugar para pasear, mas en la noche, el espacio se transforma en algo similar a un anfiteatro, ya que está diseñado para acoger muchos eventos en vivo, presentaciones de música, manifestaciones artísticas, debate y discusión. Además, a lo largo de esta "calle urbana" hay asientos que han sido incorporados al diseño y la armonía de todo el pabellón.
Cada año, el Perú se convierte en un país más importante para el resto del mundo. Más personas quieren visitarlo, y llevarse un poco de nuestra cultura y nuestra historia a su rincón del planeta. Es por eso que, en nuestro país, el turismo se está convirtiendo en una de las actividades más significativas (según cifras de El Comercio, el próximo año se espera recibir más de 2 millones de turistas extranjeros), y ya se apunta a manejarlo como una actividad de largo plazo. Creo yo, sin embargo, que lograr el turismo sostenible será difícil... a menos que se hable primero del papel de la arquitectura en esta historia. No se puede hablar de turismo sostenible sin antes hablar de arquitectura. ¿Por qué? A lo largo de nuestra historia, ha sido muy raro el caso en que un recurso se ha sabido manejar sustentablemente - siempre ha sido explotado hasta que ya no dio más; y si alguien no se da cuenta de que la humanidad tiende a repetir los errores del pasado, entonces la alegría del turismo tampoco va a durar. Tomemos el caso de Machu Picchu - hoy en día, la ciudadela recibe más de 400 000 turistas al año. No obstante, ya hay indicios de que el alto número de visitas está desestabilizando el suelo (el granito que conforma la montaña está rajado, y el riesgo de que Aguas Calientes desaparezca debajo de un huayco es cada día más grande). Además, el alto número de turistas ha causado que Aguas Calientes crezca desordenadamente, afectando el medio ambiente y la armonía con el entorno... ¿Cuál sería, entonces, el rol de la arquitectura en un caso como este?
1. Planificación Urbana - Si se quiere promocionar un lugar como destino turístico, entonces se debe tomar en cuenta la manera en que esta actividad va a afectar a la población. Siguiendo con el ejemplo, en Aguas Calientes, la gente ha aprovechado para vender artesanías y objetos muy típicos de la zona; sin embargo, todo esto ha sido muy improvisado. Hay "stands" en las calles, algunos de los cuales se han terminado con un techo de plástico, y no hay un lugar de concentración en donde el turista pueda encontrar "souvenirs". ¿El resultado? Un agudo contraste entre la majestuosidad de Machu Picchu y el caos de Aguas Calientes, la perfección de las construcciones Incas hasta el más mínimo detalle y el poblado enredado en la base de la montaña. La planeación urbana lograría desaparecer este desorden. Se podría designar una zona específica para todos los artesanos, y construir locales con materiales que armonicen con la mística del entorno, que sean una extensión de la grandeza de la cultura Inca en lugar de un reflejo de improvisación y falta de respeto por el patrimonio, tanto el histórico como la naturaleza.
2. Arquitectura sostenible e Infraestructura - de manera similar, el turismo también requiere de la construcción de obras más específicas, como hoteles, aeropuertos y museos de sitio, por ejemplo. Y estos deben tener dos aspectos: proporcionar espacios de calidad, en donde uno se pueda desconectar y se sienta relajado pero a la vez entusiasmado, como hechizado por la experiencia, y estar construidos pensando en el largo plazo, es
decir, en el impacto que vayan a tener en el medio ambiente. Un ejemplo: Posada Amazonas en la Reserva del Tambopata, diseñada por un arquitecto y Rainforest Expeditions como proyecto ecoturístico para la comunidad de Infierno. El albergue ha sido construido con materiales de la zona, imitando así las construcciones de los nativos para minimizar el impacto en el medio ambiente y armonizar con el entorno, y conservando la autenticidad de una experiencia en la profundidad de la selva Amazónica.
3. Conservación de Patrimonio - la arquitectura de un lugar es el reflejo de una sociedad: es el eco de las voces del pasado en el contexto del siglo XXI. Y como todo lo que es parte de nuestra historia, hay que cuidarlo, y son precisamente los arquitectos los que deben liderar esa tendencia de respeto y amor a nuestro pasado, ese sentido de identidad del cual hoy muchas personas carecen. Son los arquitectos los encargados de promover la restauración del patrimonio histórico, y de evitar, a toda costa, su destrucción, pues con cada obra que se pierde, se pierde también un pedacito de lo que nos define a todos como un "nosotros". Hoy en día, por ejemplo, hay tanta arquitectura colonial en Lima que se ha dejado de lado y que, de restaurarse, tendría todo el potencial para hacer de nuestra ciudad un lugar mejor y para ayudar a que todos puedan comprender e interpretarla de una manera más integral. Lima es una ciudad de contrastes - ayudemos, pues, a conservar nuestra identidad, aquella que mostramos al resto del mundo.
Si hay un hombre que ha sabido entablar una relación con el lugar, comprenderlo e interpretarlo, es Antoni Gaudí. Arquitecto catalán nacido en 1852, era un hombre cuya vida estuvo marcada por dos grandes pasiones: la fé en Dios y la arquitectura, aunque en realidad ambas estaban enlazadas entre sí. Basta con ver sus obras para comprender que la arquitetura de Gaudí fue hecha para alabanza del Señor - una forma de traducir las Sagradas Escrituras en una realidad arquitectónica. Sus principales influencias fueron la arquitectura medieval y la arquitectura japonesa (aunque cuenta la leyenda urbana que también tenía una afición muy particular por el gótico, y que desde joven le gustó discutirlo con sus compañeros).
Gaudí fue un incomprendido en su época. Lo irónico fue que, una vez llegada su muerte, se comenzó a mirar su obra con una perspectiva diferente. Lo que antes eran "torturas de la imaginación" y "engendros en piedra" se convirtieron en una arquitectura cuyas formas son imponentes y que encantan con su riqueza de luz y color, una arquitectura a veces extravagante pero siempre sumamente expresiva, arquitectura que es capaz de sorprender una y otra vez sin importar cuántas veces se le visite. Fue un genio, a menudo imprevisible, y hoy Barcelona le es profundamente agradecida. Sin las obras de Gaudí, Barcelona simplemente no sería Barcelona - perdería toda su esencia, y aquello que la hace tan especial y diferente al resto.
Las obras de Gaudí que más me gustan son las que creó durante su faceta de naturalismo expresionista, como el Parque Güell y la Casa Milá. Cuenta la historia que, a pesar de que nunca había empleado el estilo barroco hasta ese entonces, en esta etapa decidió combinar el barroco tradicional con dinamismo, y hacer esa arquitectura un reflejo construido de la naturaleza a su alrededor. Decía el arquitecto de una de sus obras:
"La columna es el fuste, el tronco; la cubierta es la montaña, con las vertientes y la cima; la bóveda es la cueva, de sección parabólica... Girando el antebrazo o el tronco se forman helicoides."
En efecto, Gaudí era un entusiasta del naturaleza, y su arquitectura constantemente la evocaba. "La arquitectura crea el organismo y por tanto este debe estar en consonancia con la naturaleza." De todas estas, mi obra favorita es La Pedrera, por el e
fecto que se logra con la sinuosidad de la fachada, un aspecto realmente emblemático de la arquitectura gaudiana. Parece como salido de otro mundo.
No puedo terminar sin antes mencionar la que probablemente sea la obra más conocida de Antoni Gaudí: La Sagrada Familia (obra que, hasta el día de hoy, permanece inconclusa y que, según el propio Gaudí, tomaría más de 70 años en terminar). La obra es más que una simple iglesia, pues es toda una sinfonía de campanarios, torres y detalles, un juego sagaz de luminosidad en el interior, una arquitectura capaz de conmover a cualquiera. La meticulosidad con que trabaja cada detalle es realmente impresionante - de seguro otra más de las razones por la cual esta obra ha sido tan aclamada mundialmente.
Las obras de Gaudí son las únicas de su estilo en todo el mundo. Nada ni nadie podrá igualarlas.
La semana pasada, como continuación de la clase sobre la importancia del trabajo en equipo al hacer arquitectura y aprovechando que era la Semana Universitaria, tuvimos que enfrentarnos a un reto muy particular, inesperado (¡nadie puede negar eso!) pero también muy divertido. Tuvimos que hacer una CAPILLA HUMANA, en grupos de 11, en donde los 11 miembros del grupo fueran absolutamente fundamentales para la arquitectura de nuestra obra - nadie debía sobrar.
Nuestro primer intento fue un poco desastroso... Como lugar, escogimos el jardín con los árboles detrás del Pabellón A, al frente de D'Gusta, porque pensamos que podía ser muy interesante si pudiéramos estar entrelazadas con ese entorno. En este caso, queríamos hacer una cadena humana que perimetrara el espacio, en donde todas dependiéramos de todas (si una salía, la cadena caía), y usaríamos los troncos de los árboles para delimitar este espacio. Además, escogimos un lugar en donde alrededor los árboles tuvieran vegetación relativamente tupida, y justo encima de nuestra "capilla" hubiera una especie de óculo para que entrara la luz en medio de la vegetación.
LAS FALLAS: El espacio era demasiado abierto, y no se veía como un espacio bien definido (sin mencionar que entraba demasiada luz). Era como hacer una ronda, solo que con efectos especiales :) Además, había falta de uniformidad, y se veía muy desordenado.
Al día siguiente, nos reunimos y replanteamos, esta vez pensando en algo más sencillo que nos permitiera jugar más con la luz. Decidimos conservar el mismo lugar por el efecto de paz y tranquilidad que genera esa especie de "bosque" alrededor y el sonido de las hojas en el viento, además de porque da la sensación de refugio, y proporciona sombra. El nuevo diseño consistía en aprovechar el desnivel en el jardín (había una especia de cerrito) para ganar altura. Ahí, tres personas estaban paradas a manera de columnas. Opuestas a ellas habían cuatro personas arrodilladas y apoyadas sobre sus brazoz para igualar la altura del cerrito, y encima de ellas habían dos personas más, también a manera de columnas. Las personas "columna" luego cruzaban pashminas para que actúen como techo. Para cerrar el espacio, la onceava persona se paró al final, y apoyó cada una de sus muletas en las "columnas" de los costados (eran demasiado pesadas para cargarlas sin apoyo). Asimismo, vinimos todas con jeans azules y polos de tonos blancos, grises u oscuros.
Logramos que el ingreso de la luz esté más controlado. Ahora ya no inundaba el espacio, sino que entraba por los costados de las personas-columna, por la entrada y por atrás (encima de las muletas habían una especie de ventanas). Sin embargo, creo que este proyecto todavía tiene muchísimo potencial de desarrollo por delante, y podría replantearse nuevamente para considerar más la forma, y cómo esta puede ayudar en el manejo de la luz para crear un espacio realmente espiritual y propicio para la reflexión.
En todo caso, todas nos divertimos muchísimo y creo que nos quedó claro el mensaje: ¡el equipo, en arquitectura, es fundamental!

Ludwig Mies Van der Rohe es, probablemente, uno de los arquitectos más significativos de la arquitectura contemporánea y el creador de un pensamiento revolucionario. La arquitectura de Mies puede dividirse en dos etapas marcadas: su arquitectura en Alemania antes de 1933 y su arquitectura en Chicago, de 1933 a 1969 (sin contar su última obra en Berlín, el Neue Nationalgalerie). A pesar de ser un arquitecto alemán, no es tan reconocido por su trabajo en Europa, sino más bien, por transformar las ciudades tradicionales americanas, como Chicago, con sus rascacielos trabajados en vidrio. Su infancia fue muy interesante, ya que desde muy pequeño estuvo conciente de la importancia de los materiales en una construcción y la manera en que se trabajan, siendo su padre, Michael Mies, albañil y cantero. Quizás una de sus influencias más grandes fue el haber estado tan cerca a casas tradicionales en su ciudad natal, además de haber podido complementar su educación con cursos de dibujo y construcción. El mismo Mies admite:
entre ellos. Se trata de hacer sensible el espacio, entenderlo con los mínimos elementos posibles. Quizás una de sus obras más emblemáticas sea el Pabellón de Alemania, en Barcelona, construido para la Exposición Universal en 1929. Hoy en día, se habla de esta obra como la arquitectura más pura que alguien haya visto en ese entonces. La obra ha sido pensada de tal manera que no se puede definir dónde termina un espacio para que empiece el otro - todos estan interconectados entre sí de manera que haya una fluidez completamente natural.
Asimismo, el arquitecto ha dado mucha importancia a los materiales para la edificación. El muro oscuro de ónice contrasta con las paredes de vidrio, dando pie a un interesante juego de luz y sombras, opuestos y complementarios, transparencia y a la vez refugio. Es un juego de contrastes que se prolonga también a la relación entre los espacios interiores y los espacios exteriores, ya que cada espacio interior se prolonga a un espacio exterior que le hace una especie de eco, generando esa continuidad y articulación que tanto caracterizan al Pabellón de Alemania.
continuamente y de manera completa, y me gustaría decir que ello es simplemente magnífico".